Proyecto de acondicionamiento del Castillo de Guadalerzas

El patrimonio local de Los Yébenes, pese a su amplitud, se encuentra poco valorado y explotado, pues muy a su pesar puede llegar a ser algo desconocido incluso para los propios habitantes del municipio.

 

 

A nivel externo, uno de los grandes desconocidos es el Castillo de las Guadalerzas, posiblemente debido a su alejada localización del pueblo, que llega a poner en duda la pertenencia a nuestro término. Otra de las preocupaciones más compartidas, es cómo este BIC (Bien de Interés Cultural) ha llegado a esta situación de abandono. Habitualmente, la explicación es la de que no se puede hacer nada, porque es privado (lo cual curiosamente puede haber ayudado en su protección frente a expoliadores), o porque tendría costes desorbitados. Pero la realidad es que sí se puede hacer algo, y el inicio es la ruptura de la pasividad.

Con orgullo y bajo el mismo nombre del foso natural que una vez fue su protector, vemos como ahora surge una asociación, Bracea, dispuesta a que la situación cambie con una visión centrada en la protección, restauración, investigación y difusión del patrimonio local, pero también altamente preocupada por la situación social y económica.

Ante esta situación, además, nos hacemos eco de la situación en la que nos encontramos en referencia directa y cercana con las localidades vecinas, algunas más veteranas como Consuegra, y otras como Mora, Orgaz, etc., que han tomado cartas en el asunto patrimonial, y que han empezado proyectos de diversa índole, donde destacan desde intervenciones arqueológicas y aperturas de museos (Arisgotas-Orgaz), hasta la restauración de enclaves (fortaleza medieval de Mora). E incluso en el caso de Consuegra, podemos ver como el turismo se está convirtiendo poco a poco en un motor económico, que nos obliga a apreciar y poner en valor el legado histórico que nos dejaron nuestros antepasados. Así pues, podemos aprender mucho de estos ejemplos.

Uno de los principales “problemas” aludidos, es la situación de lejanía del Castillo, que realmente se erige como uno de sus puntos fuertes o baluarte de un posible conjunto histórico arqueológico, pues es un precioso entorno natural de incalculable valor, que se armoniza con una alta cantidad de restos y lugares histórico-arqueológicos, que serían las delicias de los investigadores de principios del siglo XIX. Y es que este castillo es único y puede jactarse de haber levantado pasiones en las fechas aludidas.

Aunque en este entorno hay evidencias de actividades antrópicas tempranas (prehistóricas, protohistóricas y romanas), nos centraremos en contexto medieval donde el mundo islámico y cristiano, aún hoy en día, convive en este paso natural de los montes, por el que han transcurrido varias sendas históricas. Sin embargo el carácter del tapial de la estructura islámica en el llano, no ha aguantado de la misma manera que el visible Castillo de Guadalerzas, en lo alto de su promontorio amesetado sobre el río Bracea. Esto es debido al material constructivo pétreo empleado, a unos usos continuados que lo mantuvieron como un edificio funcional y las continuas reformas recibidas, que en la actualidad se refleja en su excesiva compartimentación interna, en la multitud de paramentos y tipologías constructivas, que se agrietan marcando su fachada como arrugas y cicatrices de veteranía. Es importante mencionar brevemente los principales episodios por los que ha pasado para entender su transformación.        

En el siglo XII, este paraje conocido como “La Boca del Congosto” (ruta a Córdoba) entra a formar parte de la Orden de Calatrava tras su conquista por Alfonso VI, y en lugar de reutilizar la construcción militar anterior, se edifica un nuevo castillo, teniendo como función la de hospital de retaguardia, por su cercanía al conflicto. En el año 1178, ya hay evidencias de que dicha instalación militar estaba construida.

Pero, la primera gran transformación del Castillo de las Guadalerzas, se produce en 1572 tras la compra de la instalación por el Cardenal Silíceo, momento en el que se convierte en un Colegio de Doncellas Nobles de Toledo, lo que inevitablemente le somete a una serie de reformas.

Durante el siglo XIX, ya en estado de ruina, y tras la desamortización, es adquirido por un particular, Matías Nieto y Serrano, Presidente de la Real Academia de Medicina, que obtendría el título de Marqués de Guadalerzas en 1893. Este sería quien iniciara la última fase de remodelaciones que lo convertirían en una residencia de verano de lujo. Es sabido de la entrega y dedicación del Marqués de Guadalerzas hacia su castillo, siendo esta la última apariencia de la que somos testigos, y que envuelve al antiguo castillo con un aura más palaciega, especialmente en su interior.

A pesar de llamarlo ruina, si apreciamos el estado de su construcción, especialmente el interior del torreón principal y la iglesia, este castillo se aleja bastante de dicha concepción. Cuando aludimos a castillos en ruinas, en la imaginación popular suele dibujarse estructuras terrizas hundidas y paredones solitarios, testigos de un pasado mejor. En este caso, es muy distinto, ya que el Castillo de Guadalerzas presenta un estado de conservación muy pocas veces visto, puesto que, salvo su perímetro y el piso superior que están algo alterados, mantiene su cuerpo central en muy buen estado, conservando desde suelos, pintura de las paredes, hasta marcos en las ventanas y viguería de madera. Sus fuertes muros siguen a plomo y se puede caminar con mucha seguridad en la mayoría de toda su extensión. Paradójicamente a este estado, sigue en abandono y continuo deterioro, cuando con una serie de reformas mínimas se podría reducir en un alto porcentaje su rápida degradación, al menos en el cuerpo central.

El Castillo se erige como uno de los principales reclamos turísticos de la zona, no solo por la historia que lo avala, sino también por el magnífico entorno natural que lo rodea, y que podría convertirlo en un punto de referencia de turismo rural a nivel supranacional. Lo ideal sería dotarle de las actividades sociales adecuadas donde la gastronomía de la zona tendría otro de los roles principales, que, junto con el entorno natural, retroalimentarían un sistema turístico que beneficiaría al pueblo de Los Yébenes y a todo su entorno. El proyecto a desarrollar presenta al BIC como un elemento autosostenible (y que no sea una carga económica), por lo que se le dotaría de una serie de funciones de ocio, pero que puede ser, en momento destacados, lugar de uso polivalente tanto de actividades lúdicas, didácticas e incluso de carácter científico.

Dotando al edificio de una nueva función que no sea agresiva para él mismo y que no lo altere, aseguraríamos la supervivencia del mismo, al igual que iniciaríamos un nuevo proceso de puesta en valor del patrimonio local altamente unido al turismo, pero también a la labor investigadora y de difusión. Con esto se pretende también la creación de una serie de empleos para la zona, unos de carácter fijo y otros temporales, que contribuyan a la economía local y ayuden a mejorar la situación del pueblo.

Estos empleos nacen desde el comienzo de la actividad restauradora, científica, etc., con planes de trabajo temporales, para a posteriori pasar a crear empleo fijo que atienda a las nuevas necesidades creadas. En este punto, es necesario aclarar que dichos trabajos son los directamente creados por este tipo de iniciativas necesarios para la misma, pero en segundo orden, también se entiende que otra serie de entidades de menor orden preexistentes, que van desde el pequeño comercio local a mayores negocios, serán repercutidos positivamente con estos proyectos.

Por tanto, lo que se busca es un balance positivo en el pueblo, tanto a nivel económico, de difusión, de preservación del patrimonio como demográfico, puesto que también debemos preocuparnos por el “mañana”, y acabar con la situación que está provocando los alarmantes descensos de población.

 

 

Asociación Bracea

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45470 Los Yébenes

Toledo

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